lunes, 14 de abril de 2014

Mariló dice

El Mundo Today es el subproducto más hilarante que, en su género, ha dado la era Twitter. Su género, sí; el trono donde hoy se sienta el artífice de dicho portal, Xavi Puig, lo ocupó tiempo atrás el dibujante Jaume Perich, autor de las celebérrimas ‘Noticias del 5º Canal’. Dado que en la España de los setenta no había más que dos canales, el ‘Quinto’ de aquel telenoticiario constituía el mejor de los frontispicios para dar a entender que lo que ahí se ventilaba eran noticias falsas. La Mariló Montero de Perich, por cierto, fue José Luis Núñez, a la sazón presidente del FC. Barcelona, y a quien el presentador del 5º Canal (bien un trasunto del propio Perich, bien un trasunto de su gato; se trataba, recordemos, de las únicas noticias que no tenían ‘gato encerrado’); al que el presentador del 5ª Canal, decía, solía exhibir protagonizando sucesos funestos, bajo el antetítulo “Sigue la mala racha de José Luis Núñez”.

A semejanza del  5º Canal, nada en El Mundo Today (ni la cabecera, ni la identidad gráfica, ni las ilustraciones) invita a pensar que las noticias que publican Puig y sus secuaces son veraces. O, parafraseando al presidente Rajoy, nada-salvo-la-sintaxis. No en vano, el desarrollo que sigue a los titulares se basa en la pirámide invertida que, aunque erosionada por los nuevos hábitos de consumo periodístico, continúa utilizando la prensa convencional. Se trata, para entendernos, de textos cuajados de formas verbales como ‘admitió’, ’manifestó’ o ‘anunció’, y donde las citas figuran atribuidas a ‘fuentes autorizadas’ o  a ‘un portavoz de la familia’. Ni que decir tiene que el modo en que la sátira vampiriza (o acaso parasita) la jerga de las noticias serias viene a culminar el trampantojo. Un signo de los tiempos, ay.


Con todo, comprendo el desconcierto de Mariló Montero ante la noticia que la acusaba de haber dicho que los maricones daban asco. Y me temo que no soy el único. El 21 de febrero, día en que se publicó, algunos de los seguidores de la cuenta de Twitter de EMT también torcieron el gesto: “Es la primera noticia vuestra [de la] que podría llegar a pensar que es cierta”; “Noticias broma como esta sí que dan bastante asco. Un seguidor menos”, “Ni puta gracia”. Al cabo, la condición para que una noticia de EMT sea tenida por tal es que ‘parezca-sacada-de- EMT’, expresión que ha hecho fortuna para designar, precisamente, lo inverosímil. Y la noticia de marras, en efecto, no sólo no tenía pizca de gracia, sino que, en su tosca desmesura, salpicaba tanto a los homosexuales como a los inmigrantes marroquíes. Ello se hace tanto más obvio cuanto que, en un porcentaje elevadísimo de las ocasiones, la lectura de 'noticias' en la red lleva a los usuarios directamente a ellas a partir de un enlace publicado en las redes sociales, sin que medie antesala alguna que ayude a situar el contenido en su justo lugar.


El Mundo Today, en cualquier caso, no es sino el redondeo (¡la torna!) de esta historia, puesto que Mariló también ha emprendido acciones legales contra la escritora Elsa López, quien, en una columna del diario La Opinión de Tenerife, dejó anotado: “[Mariló Montero] es todo lo que una ha soñado ser en esta vida: guapa, rica y tonta”. Que es, en el fondo, lo que pretendían sugerir los chicos de El Mundo Today en lugar de ese ‘homófoba, racista e hija de puta’ que, maldita la tarde, acabaron firmando.



Zoom News, 14 de abril de 2014

Nación y aritmética


La desconfianza en las cifras de manifestantes de la prensa, digamos, burguesa llevó al profesor de Literatura Catalana Miquel Almirall a efectuar los cálculos por su cuenta y riesgo. Hasta 2007 se aplicó a la tarea en la web Contrastant, donde, para sonrojo de ese periodismo que sitúa la verdad en un punto equidistante entre dos mentiras, aparecía regularmente la ficha técnica de las grandes manifestaciones que se celebraban en España. El efecto subversivo de multiplicar áreas y densidades se dejó notar con singular aspereza en la sección vintage, en la que se efectuaban autopsias de algunos de los momentos estelares de la humanidad. Así, por ejemplo, la aritmética estableció que en la Diada de 1977 no hubo en la calle un millón de catalanes, como llevan grabado a cincel las enciclopedias y los libros de texto, sino 200.000. Y la manifestación por el asesinato de Ernest Lluch no congregó a 900.000 barceloneses, sino a poco más de 100.000.

El pasado 7 de abril, un redactor del programa de Toni Clapés en RAC1 preguntó a Almirall cuántos nacionalistas serían necesarios para llenar la 'V' (de ‘victoria’ y ‘votar’, lo que da perfecta cuenta de que, en un hipotético referéndum, la derrota está descartada) que forman Gran Vía y Diagonal, en lo que pretende ser la performance nuclear del próximo 11 de septiembre. Días atrás, el Telenotícies de TV3 había cifrado en "más de un millón y medio" el número de manifestantes que absorbería el trazado. Grande fue la tentación, por cierto, de sugerir al nacionalismo que se ahorrara las molestias, que añadiera otro millón en la cuenta del otario y encargara la gigafoto a José Luis Garci, el Costa-Gavras del golpismo verité.

Pero está Almirall, que toma la palabra: “Hemos hecho el cálculo de los manifestantes que cabrían en la Diagonal y en la Gran Vía (desde el paseo de Gracia hasta la plaza de las Glorias [el vértice de la V]). Teniendo en cuenta que el tramo de la Diagonal mide 2.200 metros de largo por 50 de ancho, y el de Gran Vía 2.000 metros de largo por 50 de ancho, la superficie total es de poco más de 200.000 metros cuadrados. Si multiplicamos esos 200.000 metros cuadrados por una densidad de 3 personas por metro cuadrado, la cifra de manifestantes estaría en torno a los 600.000. Hablamos, por supuesto, de manifestantes reales".

Tag: reales. “Hay dos modos de calcular manifestantes: uno es el matemático, que consiste en multiplicar área por densidad, y el otro es el político, que consiste, por ejemplo, en cifrar los manifestantes de paseo de Gracia en un millón, cuando lo cierto es que en el paseo de Gracia no caben más de 220.000”.

Luego, el propósito de reunir el próximo 11 de septiembre "un millón y medio de manifestantes" en Diagonal y Gran Vía... “Con las dimensiones que hemos tenido en cuenta en nuestros cálculos, es imposible. Como mucho, ya digo, cabrían alrededor de 600.000, que no es poco. [...] Es más: en Barcelona nunca ha habido una manifestación de más de un millón de personas, lo que implica, lógicamente, que tampoco la ha habido de un millón y medio”.

¿Y la Vía Catalana? La mayoría de los medios dieron como válida la cifra de un millón y medio de encadenados, e incluso hubo quien habló de 2 millones. “No se superaron las 700.000 personas, lo cual es muchísimo. Es lo que dan de sí 400 kilómetros, esto es, 400.000 metros, multiplicados por 2 (dos personas por cada metro lineal), y teniendo en cuenta que había tramos muy densos y otros no tan densos”. La impresión, no obstante, es que en los tramos más densos llegó a haber un grosor de hasta tres y cuatro hileras. “Las imágenes de la gigafoto no demuestran eso”.

Diríase que la suspicacia de Almirall respecto a las versiones oficiales es un reflejo de obediencia chomskiana. “Todas las cifras oficiales que se manejan en Cataluña son mentira por definición; quienes las difunden tiene intereses. ¿Por qué se hinchó la cifra hasta los 2 millones de asistentes? Por la razón de que 1.600.000, que es la cifra que se manejó en un principio, presenta el inconveniente de que, desde el punto de vista histórico, no se recuerda bien. Entonces había dos opciones: rebajar los asistentes a un millón y medio o elevar la cifra a dos millones. Se optó por esta última. Cuando menos, es la cifra que han ido propagando la ANC, y también diversos medios de comunicación y algunos partidos políticos”.

Dos millones. ¿Cuántos kilómetros habrían sido necesarios para formar una cadena de dos millones de personas? “Unos 2.000”.

Almirall es independentista, sí, pero el rasgo primordial de su temperamento tiene más que ver con la frialdad. La aritmética es un bar limpio y bien iluminado donde las convicciones se dejan en el perchero. Un bar, claro está, de perdedores.


Zoom News, 11 de abril de 2014

Un cierto rubor


‘¿Estos tres son lo mejor que tenéis? ¿En serio?’ Tales eran las preguntas, ciertamente rigurosas, con que en la tarde de ayer me asaetearon algunos de mis seguidores en Twitter, dando por sentado que Jordi Turull, Marta Rovira y Joan Herrera eran carne de mi carne. No osé contradecirles; el rubor que sentí con cada una de las intervenciones debió de tener algo que ver con que soy catalán.

De Turull baste recalcar estas palabras: “Queremos mejorar nuestro autogobierno, y lo queremos mejorar porque lo amamos, y lo amamos porque es nuestro”. A Rovira hubimos de acompañarla hasta la escuela, pues, según dijo, conversa a diario del proceso con las madres con que allí coincide. En cuanto a Herrera, no importa tanto la monserga cuanto esos espasmos como de concursante de ‘¡Tu cara me suena!’ suplantando a Serrat; las manos en los bolsillos, la risa disoluta, el lóbrego recuerdo de Machado... Ese aire, en fin, como de cliente cinco estrellas con que fue pespunteando su actuación, en plan ‘tranquilos, en este garito me conocen’.

Es fama que el estado de las cosas en Cataluña es indisoluble del timbre apaciguador de Madrit. No hay más que atender al cumplido que Jesús Posada dedicó a Herrera, ese “bienvenido a su antigua casa” que, en cierto modo, tuvo su parangón en el saludo que la emisaria Rovira tributó a Rajoy. Así, mientras que unos se hacían los despechados, los otros fingían dejarse querer, en una farsa de lujurias y azoteas que habría de estar reservada a otra clase de canallas.

Obviamente, 'esos tres diputados no son lo mejor, etc.', mas tengo para mí que en el Parlamento catalán no hay comisionados que los puedan suplantar con garantías. Después de todo, lo que determinó el titubeo y aun la inepcia de los Turull, Rovira y Herrera no es la bisoñez, sino la certidumbre de que se estaban dirigiendo a una nación de verdad.


Libertad Digital, 9 de abril de 2014

lunes, 7 de abril de 2014

El chonismo según Pujol

Nadie ha exhibido con tanta rudeza como Jordi Pujol sénior el afán evangelizador del nacionalismo catalán, esa avidez por despojar al andaluz del taparrabos y endilgarle la ‘estelada’, esto es, otro taparrabos. El pasado viernes volvió a congratularse del gran éxito que supone para Cataluña que haya ‘chonis’ y ‘fernández’ soberanistas. La ceremoniosa confusión de Cataluña con su persona, por cierto, superó esta vez cualquier cota conocida, pues al calificar de ‘éxito de Cataluña’ lo que no es sino el fruto de su ingeniería social, Pujol se dejó por el camino un jirón de coquetería o, por decirlo a la fenicia, los derechos de autor.

Que Pujol dijera ‘chonis’ y ‘fernández’ en lugar de 'montillas' y 'tarantos' se explica por que su partenaire en aquel acto fue el también ex presidente José Montilla, quien, obviamente, refrendó las palabras de su antecesor en el cargo. En cualquier caso, lo que Montilla dijera o dejara de decir tiene tanta relevancia como el gruñido de Frankenstein: antes que el mensaje, lo que conmueve al público (¡a la masa enfurecida!) es que alguien haya insuflado vida a semejante criatura. No en vano, el hombre de Iznájar es el producto mejor acabado del pujolismo, la encarnación casi bíblica de esos ‘otros catalanes’ que lo fueron, sobre todo, a expensas de la incredulidad. Córdoba, San Juan Despí, el antifranquismo, la izquierda revolucionaria, las artes gráficas, los componentes electrónicos, el municipalismo, el PSC, el cinturón rojo, la alcaldía de Cornellá, el Ministerio de Industria... Todas las capas de la cebolla que configuraron la identidad del ciudadano Montilla acabaron sepultadas bajo una misma costra: la del nacionalista sobrevenido, la del presidente autonómico que, en usufructo del nivel B de lengua catalana, llamó a los catalanes a manifestarse contra el Tribunal Constitucional, encendiendo así la mecha del macrobotellón soberanista que rige en Cataluña desde 2010.


En la ufanía del viejo Pujol ante el hecho de que los ‘fernández’ y los ‘montilla’ reivindiquen la independencia no sólo despunta la idea de que es catalán todo aquel que, viviendo y trabajando en Cataluña, abjura de España; también late el delicado racismo con que el tolerante celebra la diversidad. Como Artur Mas descerrajara en TV3 al líder de la oposición en el Parlamento catalán, Albert Rivera: “Imagínese si somos flexibles que incluso le dejamos expresarse en castellano en esta televisión”. No hay prédica cuatribarrada, en fin, que no aparezca veteada por el subtexto con que el nacionalismo (cualquier nacionalismo) observa el mundo: allende la frontera, se extiende el reino de la inferioridad.


Análogamente, entre quienes se arrogan la condición de ‘superiores’ ningún acontecimiento suscita tanto entusiasmo como el del impuro que, habiéndose establecido a ‘este’ lado de la charca, se proclama 'inferior' con delectación.


Con todo, es probable que la suma expresión de ‘normalidad’ en lo relativo al reparto de salvoconductos no tenga tanto que ver con la aclamación de los ‘montilla’ o ‘fernández’ cuanto con el señalamiento de los ‘pla’, ‘tarradellas’ o ’boadella’. Es decir, con la abominación del ‘semejante’.


Por lo demás, y como ya es costumbre tratándose de nacionalistas, el éxito catalán del que habla Pujol se funda sobre un mito: no hay ‘chonis’ independentistas.



Zoom News, 7 de abril de 2014

Llamando a la Tierra

Los mohínes de desprecio que la izquierda ha dirigido al presidente de la República Francesa, François Hollande, por haber designado primer ministro a Manuel Valls, apodado el Sarkozy Socialista, contrastan con el modo como esa misma izquierda ha recibido (diríase que a portagayola) la pujanza del Frente Nacional. El corresponsal de El País, sin ir más lejos, acusó al político de origen español de haber "competido con las posiciones xenófobas de la extrema derecha al tratar de convertir –sin éxito– a los 20.000 gitanos europeos que residen en Francia en mercancía electoral". Y el mismo día, El País aseguraba en su editorial: "El ascenso del lepenismo (...) denota un malestar de fondo que no se resuelve con descalificaciones, rasgado de vestiduras ni cordones sanitarios". En el mismo párrafo, leíamos que Marine Le Pen había dado muestras de "inteligencia y olfato", y que sus votantes "no son extraterrestres".

Esta paradoja, por la que al tiempo que se alancea al demócrata por su presunta xenofobia se disculpa al xenófobo por su presumible condición de terrícola, recuerda la mullida retórica del apaciguamiento con que este mismo diario (y la izquierda española, en general) ha venido disculpando, razonando y aun galvanizando todas y cada una de las demandas del nacionalismo catalán, por caprichosas que éstas fueran. No en vano, en ambos casos concurre "un malestar de fondo que no se resuelve con descalificaciones ni cordones sanitarios" (¡lo dice el periódico cuyo titular más socorrido es "El PP se queda solo"!).

La diferencia entre Francia y Cataluña, no obstante, es que, mientras que la frustración catalana se debe a la rancia-derecha-española, el mal francés no requiere culpables. Hay motivos, sí, pero tratándose de Francia (¿el kilómetro sentimental?) tal vez no haga falta señalarlos de forma tan explícita. Se trata, en cualquier caso, de una nebulosa que también desearía para mi país. Siquiera por la pura satisfacción de leer, en una de estas mañanas independientes ya de casi todo, "el millón y medio de catalanes que formaron la cadena humana no son extraterrestres".



Libertad Digital, 2 de abril de 2014

Sobre el silencio informativo

El 19 de junio de 1987, la banda de victimarios ETA hizo estallar una bomba en los almacenes Hipercor, segando la vida de 21 personas e hiriendo a otras 45. Es fama que, por aquel entonces, un portavoz de El Corte Inglés advirtió a los periódicos de que, en caso de que asociaran el nombre de Hipercor con el de su matriz, El Corte Inglés, se cerraría el grifo de la publicidad. Se trataba, claro está, de que no cundiera el pánico entre los miles de clientes que acudían a diario a los macroalmacenes. Los directores de los diarios acataron la orden, o cuando menos eso delatan las crónicas y editoriales de primera hora.

Viene esto a cuento del silencio que ha presidido el secuestro de los reporteros Javier Espinosa y Ricardo García, felizmente liberados tras seis meses en manos de terroristas de Al-Qaida. Al parecer, las familias de los secuestrados, representadas por el fotógrafo Gervasio Sánchez, habían solicitado a los medios que no publicaran noticias al respecto, en el sobreentendido de que cualquier cuña informativa entorpecería y aun dinamitaría las negociaciones entre el Gobierno y los terroristas.


El porqué es una incógnita. Francamente, no me imagino a los integrantes del Frente Popular de Judea, o lo que quiera que sean, consultando las webs de los diarios españoles para ver si se habla de ellos y, en caso de que así sea, si lo que se dice es bueno o malo. Después de todo, el propósito que rige las acciones de los terroristas suele ser propagandístico; por eso, entre otras razones, ‘reivindican’ los sabotajes, ‘reivindican’ los secuestros y ‘reivindican’ los atentados. Bien es verdad que, como explicaba ayer en El Mundo el reportero Alberto Rojas, “los grupos armados ven en el secuestro la manera de acabar con la información veraz y comenzar a intoxicar con propaganda. [...] El yihadismo lo sabe y trabaja con esa premisa. En muchos casos, no quieren dinero, ni piden rescates ni reivindican nada”. No obstante, si no quieren dinero ni piden rescates ni reivindican nada, ¿a qué el secuestro? ¿Qué sentido tiene entonces imponer la cautela periodística? Si lo que de veras anhelan es limpiar la región de periodistas occidentales, ¿qué les impide descerrajarles un tiro en la cabeza?


Hablo a tientas, claro está; no tengo experiencia en el campo de batalla, por lo que tal vez mis consideraciones no sean más que una depuradísima expresión de salonismo. No obstante, no parece admisible que una noticia tan celebrada y cacareada como la de la liberación de Espinosa y García, o como lo fue la de Marginedas, se salde con un indescifrable ‘estamos bien’ o el ya directamente oximorónico, por no decir repulsivo, ‘nuestro secuestradores nos han tratado bien’.


Por lo demás, la liberación de Espinosa y García, como es costumbre en el género, ha tenido la virtud de suspender por unos instantes la habitual inquina entre periódicos, y así El País ha identificado al primero como periodista de El Mundo, del mismo modo que El Mundo, tras la liberación de Marc Marginedas, incrustó en la noticia el nombre del medio para el que trabajaba, El Periódico de Catalunya.  Se trata, ya digo, de un lapso de incredulidad. El pasar del tiempo restaurará la mutua profesión de antipatía entre cabeceras (que tan antipática resulta a los ojos de los lectores) y volveremos a los ominosos ‘según publica hoy un diario nacional’, ‘como sugiere el editorial del principal diario de izquierdas’ y ‘contrariamente a lo que dijo la prensa sensacionalista’; esos sintagmas, en fin, que tanto deben en forma, fondo y mojigatería a los ‘céntricos grandes almacenes, tan de todos conocidos’.


Zoom News, 31 de marzo de 2014

jueves, 3 de abril de 2014

Fisking Gabo

Antes de entrar en el automóvil miró por encima del hombro para estar segura de que nadie la acechaba. Eran las siete y cinco de la noche en Bogotá. Había oscurecido una hora antes, el Parque Nacional estaba mal iluminado y los árboles sin hojas tenían un perfil fantasmal contra el cielo turbio y triste, pero no había a la vista nada que temer. Maruja se sentó detrás del chofer, a pesar de su rango, porque siempre le pareció el puesto más cómodo. Beatriz subió por la otra puerta y se sentó a su derecha. Tenían casi una hora de retraso en la rutina diaria, y ambas se veían cansadas después de una tarde casi soporífera con tres reuniones ejecutivas. Sobre todo Maruja, que la noche anterior había tenido fiesta en su casa y no pudo dormir más de tres horas. Estiró las piernas entumecidas, cerró los ojos con la cabeza apoyada en el espaldar, y dio la orden de rutina:
-A la casa, por favor.

Regresaban como todos los días, a veces por una ruta, a veces por otra, tanto por razones de seguridad como por los nudos del tránsito. El Renault 21 era nuevo y confortable, y el chofer lo conducía con un rigor cauteloso. La mejor alternativa de aquella noche fue la avenida Circunvalar hacia el norte. Encontraron los tres semáforos en verde y el tráfico del anochecer estaba menos embrollado que de costumbre. Aun en los días peores hacían media hora desde las oficinas hasta la casa de Maruja, en la transversal Tercera N.º 84ª-42 y el chofer llevaba después a Beatriz a la suya, distante unas siete cuadras.


Gabriel García Márquez, Noticia de un secuestro



Antes de entrar en el automóvil miró por encima del hombro [mirar por encima del hombro: tener en menos, desdeñar] para estar segura de que nadie la acechaba. Eran las siete y cinco de la noche en Bogotá ["de la noche", anotado está]. Había oscurecido una hora antes, el Parque Nacional estaba mal iluminado y los árboles sin hojas tenían un perfil fantasmal contra el cielo turbio y triste [en un "cielo triste" hay poca tristeza. En cualquier caso, no olvidemos que el autor está hilando un relato veraz a partir de testimonios. ¿Hemos de creer que uno de esos testimonios le habló del "perfil fantasmal de los árboles sin hojas contra el cielo turbio y triste"? Hasta aquí, en efecto, llega la maligna influencia de Truman Capote], pero no había a la vista nada que temer. Maruja se sentó detrás del chofer, a pesar de su rango, porque siempre le pareció el puesto más cómodo ["se sentó detrás del chofer" refiere una acción que corresponde a un tiempo perfectamente delimitado, mientras que "porque siempre le pareció el puesto más cómodo" sugiere que Maruja acostumbra sentarse detrás del chófer]. Beatriz subió por la otra puerta y se sentó a su derecha ["la otra puerta". Imagino al buen Gabo meditando sudoroso la posibilidad de que, en caso de no especificar por cuál de las dos puertas entra Beatriz, el lector crea que lo hace por la misma que Maruja, gateando por encima de ella. Esta prosa como de instrucciones de la minipímer traducidas del chino resume a la perfección el descalabro gramatical que es Noticia de un secuestro]. Tenían casi una hora de retraso ["tener un retraso" suele referirse a la menstruación o al retraso en los pagos] en la rutina diaria [diaria la rutina es hartarse de balón], y ambas se veían cansadas después de una tarde casi soporífera [casi una hora, casi soporífera, casi, casi, casi…] con tres reuniones ejecutivas [tres reuniones ejecutivas casan muy mal con una tarde soporífera]. Sobre todo Maruja, que la noche anterior había tenido fiesta en su casa [¿"Había tenido"? ¿No sería preferible "había dado"? ¿Qué se fizo de la gran riqueza léxica del español de Colombia?] y no pudo dormir más de tres horas. Estiró las piernas entumecidas [las que no estaban entumecidas no las estiró, sólo estiró las entumecidas], cerró los ojos con la cabeza apoyada en el espaldar [ver "subió por la otra puerta"] y dio la orden de rutina [Rutina diaria, orden de rutina... ¿Por qué no lo dejamos en "habitual" y nos libramos, al menos, de una rutina]:

-A la casa, por favor. [Ese “por favor” es lo que se le dice a un taxista, no al chofer de un vehículo oficial. Ver Truman Capote]

Regresaban como todos los días, a veces por una ruta, a veces por otra, ["a veces por una ruta,  a veces por otra"; imposible, por lo tanto, hacerlo "como todos los días"] tanto por razones de seguridad como por los nudos del tránsito [esa pintoresca expresión, "nudos de tránsito", pretende designar lo que no es más que un atasco. Pero hay algo más. Imaginen que las razones que llevan a un concejal del PP en el País Vasco a elegir entre un itinerario u otro son el temor a que lo asesinen y los atascos. Así, en pie de igualdad]. El Renault 21 era nuevo y confortable, y el chofer lo conducía con un rigor cauteloso [cautela rigurosa, dice]. La mejor alternativa de aquella noche fue la avenida Circunvalar hacia el norte. Encontraron los tres semáforos en verde y el tráfico del anochecer [¿El anochecer? ¿No habíamos quedado en que ya había anochecido?] estaba menos embrollado que de costumbre. Aun en los días peores hacían media hora [mejor "tardaban", qué se fizo, etc.] desde las oficinas hasta la casa de Maruja [Sin duda, el autor ha querido decir "en los días mejores"; de otro modo, ese "aun" carece de sentido], en la transversal Tercera N.º 84ª-42 y el chofer llevaba después a Beatriz a la suya, distante unas siete cuadras.