viernes, 13 de marzo de 2015

Por qué lo llaman amor

La periodista Laura Fàbregas contradice en Crónica Global al pensador de cámara Francesc-Marc Álvaro, para quien la teleserie de TVE El Ministerio del Tiempo es un ejemplo de nacionalismo español. Según Fàbregas, no sólo no es así, sino que, puestos a exprimir la paranoia, el personaje más edificante de la trama es Amelia Folch, cuya ficha wikipédica reza lo siguiente: "Estudiante de finales del siglo XIX. De familia burguesa acomodada, es una de las primeras mujeres en acudir a la Universidad de Barcelona. Inteligente, con memoria fotográfica y trabajadora, es el cerebro del comando". Una catalana, en efecto. ¡Y lista! Por el contrario, el personaje del enfermero (madrileño) rezuma tosquedad, y el veterano de los Tercios de Flandes (no sé si toledano) representa, con su hombría patriotera, una suerte de contrapunto a cualquier indicio de modernidad.

Antes que los personajes, empero, llamaron mi atención las personas. No en vano, uno de los argumentos que el nacionalismo catalán empuña para subrayar que España (Resto De) no ama lo suficiente a Cataluña es la escasa consideración que tienen en Madrit por los profesionales catalanes. Veamos. El actor que da vida a este remedo de alatriste es el valenciano Nacho Fresneda, que cimentó su carrera en las series de TV3 El cor de la ciutat e Infidels. Otros integrantes del reparto son Josep Linuesa, Francesca Piñón y Mar Ulldemolins, habituales, asimismo, de los dramáticos de la televisión autonómica de Cataluña. No parece, en fin, que TVE relegue a la insignificancia a los actores catalanes. Ni a los actores ni a los directores: una de las realizadoras de El Ministerio... es Abigail Schaaff, cuya hermana, Anaïs Schaaff, integra el cuarteto de guionistas de la serie.

No son los únicos catalanes que aparecen ("que triunfan", se dice) en canales de ámbito nacional. Ahí están Sandra Barneda, presentadora de Un tiempo nuevo; Manel Fuentes, Àngel Llàcer, Mónica Naranjo y Carlos Latre, presentador y jurados de Tu cara me suena; o David Janer, Loles León, Carles Francino y Roger Berruezo, miembros del elenco de Águila Roja. Eso por no hablar de Sandra Sabatés, Dani Mateo, Risto Mejide, Jordi Évole, Santi Millán, Andreu Buenafuente, Mònica López... Catalanes todos. Lo que casi nos lleva a concluir que la televisión que se hace en España es un asunto esencialmente catalán. Y pese a esta evidencia, el nacionalismo continúa propagando la especie de que "en España no nos quieren", en el bien entendido de que no hay nada más reconfortante en esta vida que odiar al vecino, pero sin cargo de conciencia.



Libertad Digital, 12 de marzo de 2015

Luto, medio luto y mangotero del nacionalismo de progreso


Luto. El ex dirigente del PSC-ICV [rellenar] ha anunciado que abandona definitivamente el partido para iniciaruna nueva andadura política. La decisión llega tras meses de desencuentros con la ejecutiva respecto a la relación de Cataluña y el resto del Estado. [rellenar], que conservará su escaño en el Parlamento autonómico hasta el final de la legislatura, ha salido al paso de los rumores que lo sitúan en ERC-CiU, asegurando que, "en estos momentos", no se ve en otra fuerza. "No concurriré a los próximos comicios", ha insistido, "en las listas de ERC-CiU". Así y todo, el ya ex integrante del PSC-ICV ha abierto la puerta a la posibilidad de alcanzar acuerdos con otros partidos para ensanchar el espacio electoral del soberanismo de progreso. Preguntado por qué hará con el carnet del PSC-ICV, [rellenar] ha afirmado que "todo menos romperlo; he militado muchos años en este partido, más de 35. Y, por lo tanto, lo sacaré de mi cartera, que es donde lo llevo, y lo pondré con aquellos documentos que me parecen significativos de todo lo que he hecho en mi vida".

Medio luto. Los ex militantes del PSC-ICV [rellenar] [rellenar] y [rellenar] han presentado hoy en Barcelona las siglas de su nuevo partido. La formación, que se denominará [rellenar], pretende erigirse en referencia del soberanismo de progreso, después de la renuncia explícita de PSC-ICV a la fractura de España. El manifiesto fundacional de [rellenar], cuyo congreso constituyente se celebrará a comienzos del próximo otoño, aboga por la justicia social y por que Cataluña sea un Estado. Los dirigentes de CiU-ERC [rellenar] [rellenar] y [rellenar] arroparon a los ex militantes del PSC-ICV durante el acto, en la confianza de que hallarán una forma de colaboración "buena para Cataluña". De hecho, algunos de los ex dirigentes del PSC-ICV ya participan de modo regular en los órganos consultivos de CiU-ERC. Tal es el caso de [rellenar] y [rellenar],que desde enero son miembros de su Consejo Asesor.

Mangotero. El ex militante del PSC-ICV [rellenar] y secretario general de [rellenar] ha hecho público el propósito de esta nueva formación departicipar en las próximas elecciones municipales. Para ello, apuesta poralcanzar un "gran pacto" con CiU-ERC, y aspirar así a "una nueva hegemonía de progreso que tenga como ejes la emancipación nacional, social y democrática de los catalanes". El número 2 de CiU-ERC, [rellenar], ha suscrito el discurso de [rellenar], haciendo hincapié en "lo positivo que resulta para el proceso la convergencia en un mismo bloque de los partidos de país". La inclusión de [rellenar] en las listas de CiU-ERC en las pasadas elecciones al Parlamento europeo prefiguró el acuerdo entre ambas formaciones.

Libertad Digital, 6 de marzo de 2015

martes, 3 de marzo de 2015

Savateriana

De Fernando Savater se suelen destacar sus facetas de ensayista, catedrático de Filosofía e incluso miembro de la plataforma Basta Ya, como El País, en aquel infausto 6 marzo de 2006, anotó al pie de su enésimo alegato contra el terrorismo, previniendo así al lector del inexorable sesgo opinativo, ay, del articulista cívico. Por descontado, Savater es todo eso y algunas cosas más, tales como un sagaz connaisseur de la novela de aventuras o un extravagante frecuentador de hipódromos. No obstante, poco se habla de su valía como escritor. Le ocurre, aunque en sentido inverso, lo mismo que a Mario Vargas Llosa, de quien se ensalza su condición de literato y se infravalora la de pensador. (Las semejanzas entre Savater y Vargas no acaban aquí. No en vano, ambos han dedicado su obra a la defensa entusiasta y, por qué no decirlo, exaltante, de la libertad, y a ese empeño han consagrado también su vida cuando han venido mal dadas o las circunstancias lo han exigido. El primero, jugándosela frente a ETA; el segundo, saltando a la arena electoral frente al (pre)sátrapa Fujimori. Estamos, en suma, ante dos intelectuales que se han ganado a pulso el pleonasmo de comprometidos.)

En su más reciente compendio, ¡No te prives!, Savater pasa por el cedazo de su republicanismo los últimos acontecimientos de la vida política española: el cese de la violencia de ETA, la efusión independentista en Cataluña, el auge de Podemos, la abdicación de Juan Carlos I, la sucesión al trono de Felipe VI... Lo hace, como es habitual en él, mediante una prosa en que la pedagogía no se torna en arrogancia, la amenidad no se confunde con lo banal, la audacia no deriva en ocurrencia y la radicalidad no se convierte en adustez. Tal como recalcó Arcadi Espada a propósito de esta misma obra, hay pocos ensayistas que empleen la analogía con la maestría con que lo hace Savater, que es a la ética lo que Sabina al desamor.


Así, y ante quienes abogan por que las víctimas del terrorismo sean ignoradas a la hora de orientar la política del Gobierno, sostiene: "Cuando en los medios de comunicación se hace una campaña institucional contra los accidentes de tráfico, por ejemplo, suelen incluirse [...] testimonios de quienes los padecieron, fuese por una imprudencia propia o ajena. [...] Y aunque no sean los accidentados quienes vayan a encargarse de la DGT, nadie descalifica sus advertencias llamándoles resentidos". Frente a quienes reprochan al Gobierno que no mueva ficha para solucionar el problema catalán, resuelve: "Por lo visto, cuando a alguien le da un ataque de epilepsia, todos tenemos la obligación de agitarnos al unísono". Y ya célebre es su receta para los complejos que atenazan a la izquierda respecto a la españolidad: "Saber que se forma parte de una nación no supone obligatoriamente ser nacionalista, lo mismo que tener apéndice no implica padecer apendicitis". Como el lector habrá intuido, la cursiva del posesivo se debe a que el padre del aforismo es Julián Marías, en lo que constituye un préstamo que, en cualquier caso, resulta emblemático de otra de las grandes vertientes de Savater: la de divulgador.


And not least, esta savateriana restaría incompleta sin recalcar el valor del personaje como brújula moral. Disculpen la inmodestia, pero yo sé perfectamente lo que Vázquez Montalbán, el bueno de Manolo, habría opinado sobre el referéndum fallido del 9N, Pablito Iglesias o la concesión del balón de oro a Cristiano Ronaldo. Con Savater, en cambio, nunca sabré qué misterio nos trae esta noche. Y ahí, en esa expectación, radica la exacta diferencia entre el chisporroteo y la luz.



Libertad Digital, 26 de febrero de 2015

lunes, 23 de febrero de 2015

Memoria de los días brutales

El lanzamiento de Honestidad brutal, de Andrés Calamaro, fue recibido con cautela por la prensa especializada. La mayoría de los críticos convinieron en que se trataba de un trabajo singular, sí, pero se resistieron a estamparle de salida el matasellos de «genial», como si el hecho de que estuviera integrado por treinta y siete canciones impidiera concederle tal calificativo. «No hagamos nuestra la desmesura de Andrés», parecían decirse los tasadores, quienes, de forma paulatina y a regañadientes, acabarían dando su brazo a torcer. No en vano, esos treinta y siete temas conformaban una suerte de canto general en que todo, aun el más nimio de los ritornelos, parecía surgir del mismo fango que amasaron los Cohen, Dylan o Clapton. Calamaro había dado el muletazo con que sueñan los matadores, ese natural que da sentido a una vida.

Darío Manrique ha glosado la peripecia del cantante porteño en Honestidad brutal o la huida hacia delante de Andrés Calamaro, séptimo título de la colección Cara B, de Lengua de Trapo, dedicada a algunos de los álbumes de culto del pop-rock en español. El texto, un brioso documental de 163 páginas, no solo desvela la entretela del doble CD; además, obra el prodigio de que los calamaristas lo revisitemos bajo una nueva luz, no siempre más favorecedora.

Manrique Jr. también es seguidor de Calamaro, mas su retrorreportaje rezuma más frialdad que jabón, más flema que incienso; en él advertimos ese prurito de distanciamiento que suele timbrar al periodismo con mayúsculas, rara avis en un género en el que predominan las agónicas supuraciones de alabanzas, las diatribas de maníacos desairados y las tesis doctorales. A partir del testimonio de músicos, productores y periodistas, Honestidad brutal o la huida… da cuenta de cómo se gestó el disco que dio la puntilla a los noventa, una década marcada por la atonía y el trampantojo. Tal como expone el autor, Calamaro venía de grabar el pulquérrimo Alta suciedad, catorce temas que habían gozado de los parabienes de la crítica y del favor de los 40 Principales. En cierto modo, el porteño había cumplido el sueño de cualquier rock star: saciar al gran público a base de beluga. Otro en su lugar habría tratado de amarrar el resultado imitándose a sí mismo: él grabó Honestidad brutal.

Una de las preguntas que más frecuentemente formula y se formula Manrique es qué hubo detrás de la fiebre creativa que se enseñoreó de Calamaro, a qué deidad consagró aquella pulsión masturbatoria que, a caballo de Madrid, Miami, Buenos Aires y Nueva York, fue sembrando el planeta de himnos. La versión más aceptada entre la calamarería (y a la que parece abonarse Manrique) es que la ruptura con su pareja de entonces le sumió en un trance que tuvo algo de penintencia y fuga, de flagelo y redención. En ese arrebato, Calamaro se convirtió en un estudio de grabación ambulante, en una suerte de Amadeus tóxico que no cesó de escupir milagros a ritmo de fundición fabril. Cualquier cubículo, por precario que fuera, le servía para celebrar una kermés: una habitación de hotel, el salón de casa de un amigo, su propio domicilio… Las canciones que fueron cuajando no eran, parafraseando al poeta, un bello producto ni un fruto perfecto, pero al pegar la oreja a ellas uno oía el borbotón de las calderas del infierno. En el afán de conservar ese hálito primordial, esa preclara impureza, Calamaro las fue grabando tal cual; a pelo, sin edición ni postproducción. La maqueta era ya la canción.

El otro gran combustible del artista, en efecto, fue la cocaína, como evidencian las alusiones a la sustancia en «Te quiero igual» («me dejaste la ceniza y te llevaste el cenicero»), «Clonazepán y circo» («Mucho traje de fajina, pero sobra cocaína, / y con el precio que tiene, este lugar me conviene») o «Los aviones» («se acabó todo lo que había, / queda un cigarro mojado»). No obstante, y más allá de que la palabra misma se halle incrustada en tal o cual canción, lo que habla a las claras de que la coca fue a Honestidad brutal lo que la benzedrina a On the Road o el whisky a Post Office, es la querencia por el vicio que espolvorea la obra. A semejanza, por cierto, del otro gran disco de aquel año, ese 19 días y 500 noches con que Joaquín Sabina abrió la puerta grande de todas las plazas del mundo, y que compartiría con Honestidad Brutal, además de su impronta narcótica, su halo mesiánico, como de verdad revelada. Por lo demás, tanto Sabina como Calamaro eran ya artistas maduros, lo que no fue óbice para que se reinventaran, y que lo hicieran, además, siguiendo la estela del Camarón de La leyenda del tiempo, del Rafael Amador de Inspiración y locura, del Kiko Veneno de Échate un cantecito. Otros tres títulos, por cierto, que bien merecerían un cara-b. (Del de Sabina, al parecer, se está ocupando Julio Valdeón Blanco).

Honesto como el álbum al que rinde su escritura, Manrique admite que no logró que sus entrevistados se soltaran la lengua como él habría querido. Una y otra vez, topa con el mantra «ah, si yo te contara… pero eso no se puede contar». Un fracaso menor, no obstante, que nada tiene que ver con la canónica ironía de Bill Buford, que definió el reportaje como ese género en que alguien que pretende entrevistar a Mick Jagger da cumplida cuenta de por qué no pudo hacerlo. Manrique sí habló con Calamaro, aunque este no se prodigara en grandes revelaciones y aun relativizara la hipótesis del cherchez la femme. Nada de que asombrarse, si tenemos en cuenta que también relativiza la valía de su Honestidad brutal, un álbum que en los últimos tiempos parece inspirarle una cierta indiferencia. Lo que prueba que, en ocasiones, son los genios quienes menos facultados están para hablar de su genialidad. Qué sabrá este Calamaro, ay, de aquel Andrelo.


Jot Down, 19 de febrero de 2015

martes, 17 de febrero de 2015

Los desayunos de palacio



Al poco de ser elegido presidente por vez primera, Jordi Pujol instituyó en Sant Jordi una chocolatada en la Generalitat a la que estaban invitadas las fuerzas vivas de la región. Políticos, militares, eclesiásticos, intelectuales, periodistas y burgueses de toda laya, mojaban el churro simultánea y ecuménicamente como ufanándose ante España de que Cataluña fuera, ay, un vecindario modélico, bien avenido; a diferencia, claro está, de Madrit, que no deparaba más noticias que los duelos a bilis y esputos entre tirios y troyanos. Los desayunos de palacio solían ser pródigos en declaraciones más o menos institucionales que, año tras año, fueron tallando un canon de catalanidad. Lo que sigue es el ramillete de crónicas, entrevistas y ecos de sociedad que, a propósito de la festividad de Sant Jordi, se publicaron en La Vanguardiacoincidiendo con la presidencia de Pujol. Por descontado, el interés de la excavación hemerotéquica no reside tanto en lo que llegó a decir el defraudador (que también) cuanto en lo que transcribieron sus periodistas de cámara. 


Jordi Pujol, en el Parlament, esbozando su programa de gobierno (1980)

"Es absolutamente necesaria una hacienda autónoma como resultado de la renegociación que hemos de efectuar de las cláusulas hacendísticas del Estatut."

"Una hacienda autónoma" donde 'autónoma', a la luz de los hechos, tal vez quisiera decir 'permisiva para con los poderosos'. En ese año, en efecto, el líder de Convergència se proclamaría presidente y heredaría de su padre, Florenci, una fortuna indeterminada. Ambos baldones guardan hoy una concomitancia simétrica.


Pie de foto sumarial (1981)

"Que las flores y los libros sean hoy y sean siempre nuestras armas." Ayer, festividad de Sant Jordi, Barcelona vivió con enorme animación, a pesar de la lluvia, la tradicional jornada dedicada al libro y a la rosa. El president de la Generalitat, Jordi Pujol, presidió los actos oficiales celebrados con motivo de la festividad y pronunció un mensaje del que extraemos, por su significado, la frase que titula esta página. En estas fotos vemos, en la instantánea superior, una curiosa imagen de las Ramblas llenas de paraguas, bajo los cuales los barceloneses se aglomeran para comprar libros y rosas. A la izquierda, la calle del Obispo Irurita, repleta de gente, a pesar del mal tiempo. Encima de estas líneas, el presidente Pujol conversa con el capitán general, teniente general Arozarena, y el delegado del Gobierno en Cataluña, Josep Meliá, en la recepción ofrecida en la Generalitat. A la derecha, la esposa del president, doña Marta Ferrusola de Pujol, deposita un ramo de rosas frente a la estatua de Sant Jordi.

"Extraemos, por su significado, la frase que titula...". Esa frase, ciertamente, encierra un gran significado. En sus últimas deposiciones, Pujol, al fin exonerado de su reputación d'home d'Estat, tal vez no hubiera añadido 'y siempre'. Le hubiera bastado con un perentorio 'hoy' y un irresponsable 'Dios proveerá'.


Jordi Pujol, tras la misa celebrada en la capilla de Sant Jordi del Palau de la Generalitat (1982)

El president Jordi Pujol destacó el importante simbolismo de la tradicional Diada de Sant Jordi. Es un día caracterizado por la convivencia feliz, la belleza, la cultura, el respeto, el civismo... Por eso, expresó su deseo de que Cataluña sea cada día uña Diada de Sant Jordi.
El presidente señaló que, a pesar de las cuestiones preocupantes, Cataluña irá hacia delante si conserva—con rigor, trabajo e inteligencia— la ilusión colectiva, la fe en sí misma y el espíritu de convivencia.

Amén.


Nota de ambiente de Oriol Domingo (1983)

El espíritu cívico de la Diada de Sant Jordi penetró ayer todos los rincones de Cataluña. Se respiró y se palpó este especialísimo ambiente de civismo de unas gentes que se enamoran de la belleza, simbolizada en la flor, y que apuestan por la cultura, cuyo signo es el libro. Así se vivió esta jornada. Como un reencuentro del pueblo catalán consigo mismo, como cada 23 de abril.
Y uno de aquellos rincones es el del Pati dels Tarongers, del Palau de la Generalitat. A la hora del desayuno, un sol suave y un aire ligero bañaban el patio. El president, los consellers, los parlamentarios que apoyan al Gobierno y los de la oposición, dirigentes de todos los colores políticos, autoridades civiles y militares, el cardenal.... También estaban los alcaldables. Como Maragall y Tries, como Hortalà y Solé Tura... Todos se saludaban cordialmente con una sonrisa y se entrecruzaban conversaciones mientras se sorbía el vaso de naranjada o se tomaba café con pastas. El ambiente era en verdad apacible, modélico. Por eso hay que salir al paso. Por eso hay que anunciar la buena nueva de que, a pesar de los truenos y los relámpagos de la campaña electoral, aquí el sol es suave y el aire es ligero. Aquí se sabe convivir.

¿El sol? Suave ¿El aire? Ligero. Esta nota del escriba Oriol Domingo (redactada, como las que siguen, a propósito de la recepción en la Generalitat que instituyó Pujol en el día de su onomástica) delimita el campo semántico de lo que acabaría conociéndose como el oasis. "Aquí se sabe convivir", baldosín folclórico a lo "Aquí vive uno del Murcia" cuyo subtexto reza "allí, en cambio...".


Crónica de Joaquín Luna (1984)

Todos al sol. Estaban casi todos allí, en el Pati dels Tarongers , como si efectivamente hubiera un lugar bajo el sol generoso en la “res publica” de Cataluña. Sant Jordi les congregó distendidos, chocolate, café con leche, jerez, pastas, pastas, horchata y hora y cuarto de desayuno cordial. Todas las autoridades civiles, militares y eclesiásticas de Cataluña, bueno, casi todas, estuvieron presentes.

"Bueno, casi todas." ¡Honor y gloria a los ausentes!


Perfil de Jordi Pujol, a cargo de Maria Elena Alie (1984)

Arropado por su esposa, Marta Ferrusola, incansable embajadora de su marido, y por sus hijos, todos formando bloque, no lamenta ni por un instante haber dedicado su vida a la política. A pesar del cansancio, del que parece no resentirse en absoluto; de los disgustos, de las satisfacciones, que también las hay, y del difícil momento que toca, como siempre, vivir, ni se le pasa por la cabeza la tentación de volver a la sombra, al incógnito, a la ciudadanía de a pie. Declara, convencido, que está metido en este fregado porque le gusta y le interesa, y por lo tanto no tiene ningún motivo de queja. Quizá su vida familiar sería más reposada, su trabajo y su ocio con menos sobresaltos. Pero Jordi Pujol ni quiere ni puede “plegar”. No se debe engañar ni defraudar a la gente que cree en alguien, y esto lo tiene clarísimo.

Hasta "plegar" (que en catalán se usa en el sentido de 'dejar el trabajo al acabar la jornada laboral' o 'cesar en el puesto por propia voluntad') no hay nada en el panegírico que no sea cierto.


Pujol: la victoria amplia aumentará el diálogo y no la crispación con Madrid. 
Previa electoral firmada por Joaquín Luna (1984)

Jordi Pujol, de 53 años, tiene unas convicciones de granito. Unas creencias fijadas en la mente que día tras día, inasequible al desaliento, repite ante quienes le escuchan. Y estos esquemas pueden aparentar una campaña “aburrida”. Jordi Pujol lo sabe perfectamente y también parece seguro de que esta antítesis del político locuaz, propenso a exabruptos y “boutades”, arroja una rentabilidad importante a corto, medio y largo plazo en un país como Cataluña. Jordi Pujol no se cansa de repetir que nos esperan cuatro años de recuperación económica, que entre Bruselas y Managua hay que elegir la capital belga, que CiU no tiene ganadas las elecciones y que cada militante debe pasar el rastrillo para recabar votos, que TV3 tiene que funcionar tan precariamente como antaño los dos cines de su pueblo. Son dividendos para un político que, gustará o no, ha engañado poco al electorado. La encuesta definitiva, el 29 de abril.

Palabras clave: convicciones de granito, creencias fijadas en la mente, inasequible al desaliento.
¡Cómo iba a nadie a prever que esos "dividendos" de la penúltima frase acabarían siendo obscenamente literales!


Crónica de José Mª Castro (1985)

A pesar de la climatología prevista, los barceloneses quisieron salir a lacalle sin paraguas para celebrarla festividad de Sant Jordi. La fina y poco persistente lluvia que empezó a caer a últimas horas de la mañana no privó a miles deciudadanos de los paseos en busca de los tradicionales regalos. Sin embargo, libros y rosas conocieron una mayor venta cuando a primeras horas de la tarde el sol y un tiempo menos incierto erradicaron las nubes de lluvia y propiciaron una más primaveral celebración del patrón de Cataluña.
[...]
También las banderas cuatribarradas estuvieron presentes en gran número de balcones y fachadas, recordando de esta forma la figura del santo como patrón de Cataluña. La festividad popular de la jornada no se vió perturbada por el carácter laboral que refleja el calendario. Los barceloneses dedicaron unas pocas horas de su tiempo para pasear en busca de una rosa o elegir un libro.

Sometamos las letrillas a la operación Gombrowicz: "También las banderas rojigualdas estuvieron presentes en gran número de balcones y fachadas, recordando de esta forma la figura de Santiago Apóstol como patrón de España. La festividad popular de la jornada no se vió perturbada por el carácter laboral que refleja el calendario. Los españoles dedicaron unas pocas horas de su tiempo para pasear en busca de una tarta, una venera o un cayado."
La comparación, a menudo desaforada o levemente cazurra, entre el pujolismo y el franquismo, tiene un bastión inexpugnable en la forma como el primero se adaptó a la prosa comisarial, exuberante y nódica del segundo.


Crónica sin firma (1986)

Después del desayuno, Jordi Pujol declaró respecto a la convocatoria de las elecciones legislativas que “espero que CiU obtenga un buen resultado”, si bien matizó que ayer no era un día para hacer valoraciones políticas, sino para celebrar la fiesta del patrón de Cataluña. [...]
En relación con el día de Sant Jordi, el presidente de la Generalitat explicó que se trataba de “una jornada muy agradable por el ambiente de afecto y el espíritu positivo y de fiesta que se respira entre todos”. Al preguntársele si ya había regalado una rosa a su esposa Jordi Pujol respondió que todavía no, “pero lo haré. Esto no falla”.
Posteriormente, en la misma Generalitat, Jordi Pujol, con motivo de la entrega del cuarto premio Serra i Moret a obras de civismo, manifestó que "el nacionalismo nos ha de servir para ser más exigentes". El presidente Pujol recibió como regalo del Gremio de Pasteleros de Barcelona en el día de su onomástica una tarta de doce kilos de peso, que posteriormente fue entregada a una entidad benéfica.

"Ayer no era un día para hacer valoraciones políticas, sino para celebrar la fiesta del patrón de Cataluña." Probablemente estemos ante uno de los primeros bosquejos perifrásticos del 'això no toca', remedo desabrido del 'no comment' mediante el que Pujol impuso a los periodistas qué preguntas se le habían de formular y cuáles no.


"Desayuno con 'glamour'". Nota de ambiente de Josep Sandoval (1987)

Todos llegaron a punto, a pesar del gentío y el tráfico. Acercarse al President era cosa imposible y otro tanto sucedía con Marta Ferrusola (sastre impecable gris con blusa de seda en blanco), asediados por los amigos que compartieron el tradicional desayuno de Sant Jordi en el Pati dels Tarongers de la Generalitat. Atuendos serios, a pesar de la hora (diez de la mañana), y caras de sueño en algunos de los asistentes. Entre éstos, Carles Vilarrubí, responsable mayor de la loto catalana y quizá llamado simpáticamente por ello el “lotero mayor del reino”: anoche estaba en el Up, compartiendo mesa con Carmen Russo, una de las estrellas del especial televisivo que se emitirá para anunciar las rifas.

"El tradicional desayuno de Sant Jordi en el Pati dels Tarangers." Tradicional, sí. También a base de chocolate con churros se fundan las naciones. Nótese el doble preservativo con que el cronista glosa la figura de Vilarrubí. "Quizá" le llamaran lotero mayor del reino, pero si así fuera, el mote desprendía "simpatía". De modo insólito, asegura desconocer el qué para, a continuación, blindar el cómo.



Entrevista de Juan Tapia y Luis Foix a Jordi Pujol (1988)

—Usted inicia su actividad política con un grupo medio confesional, medio político, que se llama Crist Catalunya. Esto hace más de cuarenta años. ¿Se siente usted muy alejado de aquellos planteamientos de un grupo que se movía en las coordenadas de la religión y del catalanismo?
—Yo comencé mi actividad política en 1946 a través de actividades muy marcadamente culturales con un grupo que se llamaba Torras i Bages, en el cual, por cierto, uno de los que estaba era Joan Reventós. Era un grupo de signo catalanista, evidentemente de inspiración cristiana, como demuestra el propio nombre de Torras i Bages. Pero también empecé a establecer contactos en la universidad con personas corno Pere Figuera, Hilari Raguer —hoy monje de Montserrat—, Josep Maria Ainaud. Jordi Casas Salat y gente de estas características Además, desarrollaba una serie de iniciativas que se centraban en la edición y reparto de papeles, pintadas en las paredes, colocación de banderas...
—¿Cuándo sitúa estas acciones?
—Todo esto fue desde 1946 a 1950.
—¿Y después?
—Paso un tiempo sin actividad política propiamente dicha. Vuelvo en 1954, que es cuando se produce la fundación del CC. Evidentemente, no me siento lejos de aquellos planteamientos. Pero el CC no era un movimiento propiamente político sino una actividad prepolítica, orientada más bien a  reforzar determinados valores,y actitudes,más de tipo moral e intelectual quepropiamente político. En muchos de mis discursos salen aspectos que pertenecen a aquella época.
—¿Qué aspectos?
—El llamamiento constante a laresponsabilidad personal, la incitación a la ambición colectiva, a que el país tenga un concepto de patriotismo como un producto dela solidaridad, a fomentar el nacionalismo que puede resumirsen un comunitarismo, a que hay que tener siempre una visión global del país. Todas estas ideas vienen de la época del CC.

La entrevista de Tapia y Foix revela que la pleitesía que el periodismo rindió a Pujol no era en modo alguno obligatoria. Y que la independencia de la prensa es, sobre todo, la de sus periodistas. En los años de plomo también hubo redactores con su "girar vuelto aguas arriba", lo que baña de indignidad a quienes hoy se pretenden víctimas de presiones cuando en realidad sólo lo fueron de prejuicios.


"Desayuno con chocolate y rosas". Crónica de Màrius Carol (1988)

Más de 1.500 personas participaron en la recepción, que tuvo su disparo de salida en el mismo momento en que el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, mojó un melindro en un tazón de chocolate.

Tratar de imitar a Capote y acabar escribiendo que el presidente mojó el melindro cual marquesa que sale a las cinco.


"Chocolate con crispación". Crónica de Màrius Carol (1989)

Los nubarrones amenazaban tormenta. El clima político era tan desapacible como el meteorológico. El Palau de la Generalitat, con más de quinientas personas mojando ‘croissants' y ensaimadas de Miracle en tazones de chocolate, vivió ayer una tensa diada de Sant Jordi, tras las declaraciones de los últimos días del alcalde Pasqual Maragall acusando al Gobierno de la Generalitat de poner palos a las ruedas del Comité Olímpico Organizador de Barcelona (COOB) 92, ataques que han sido contestados por el conseller de Política Territorial, Joaquim Molins. Aunque Jordi Pujol no quisiera hablar de estas cuestiones, a pesar de que Maragall dijera que “hoy es un día para hablar de ‘flors i violes”, no había corrillo en que no se tratara del golpe bajo del alcalde, con su “memorial de greuges”. Es más, cuando Maragall llegó con retraso al Pati dels Tarongers, Pujol se fue a recibir al escritor húngaro, de origen catalán, Ernest Dethoney. Eso sí, antes se dieron la mano, pues los políticos de este país aún no han perdido las formas.

El desprecio del que fueron objeto los socialistas catalanes nunca fue tan inmoral como la resignación con que éstos lo acomodaban a su fatídica circunstancia de 'botiflers'. Aquí, Carol acusa a Maragall, a la sazón alcalde de Barcelona, de "atacar" al Gobierno de la Generalitat. A continuación, ya encelado en el agravio, habla de "golpe bajo". Menos mal que Cataluña está a salvo de ruindades y bajezas, pues "los políticos de este país aún (aún) no han perdido las formas". Acotaciones como ésta, rebosantes de zarzuela y alcanfor, engordaron el mito del oasis, que, lejos de ser una excrecencia difusa, un pólipo anónimo, tiene tras de sí un cristalino orfeón de autores.


Declaración de Jordi Pujol recogida en la crónica de Oriol Domingo (1990)

El diálogo entre el Príncipe y la Generalitat —según el presidente— no se ha hecho con un sentido de política coyuntural, sino con una perspectiva larga, pensando en lo que conviene a este país en muchos años para dotarle de fundamentos sólidos y permanentes. Modestamente confieso que hemos dado ejemplo de cómo hay que fortalecer aquellas cosas que duran, más allá de las situaciones fugaces.

Palabras clave: diálogo, perspectiva, fundamento, solidez, modestia, ejemplo.
Pero sobre todo: modestamente confieso.


Crónica sin firma (1991)

El presidente Pujol, por su parte, hizo un llamamiento a la solidaridad para hacer un país más cívico durante el acto de concesión de los Serra i Moret que otorga la Conselleria de Benestar Social. El presidente de la Generalitat insistió en una idea motriz: "Necesitamos un país de calidad para sobrevivir como nación y, para ello, hace falta un alto nivel de civismo". "Hemos de introducir generosidad en el vivir colectivo, porque de lo contrario seremos un pueblo muerto. Sólo la alegría es creativa. La tristeza interesada es negativa", concluyó.

Ni siquiera un concepto como el de solidaridad merece la más mínima consideración si no supedita a la patria. 'Introducir generosidad en el vivir colectivo' es uno de esos extenuantes rodeos que sirvieron para relegar la Feria de Abril al ámbito de la limosna. Antes que Cultura, Bienestar Social.


Crónica sin firma (1992)

El presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, invitó ayer a los catalanes a compaginar la idea de universalidad con la fidelidad a Cataluña en la celebración del día de Sant Jordi. Pujol, que recibió felicitaciones por partida doble -su onomástica y su reciente reelección como presidente catalán-, señaló que "Sant Jordi es una festividad de afirmación catalana" y argumentó que en la celebración ciudadana "participa todo el mundo, incluso aquellas gentes que políticamente no se sienten vinculadas con el catalanismo".

Con los Juegos Olímpicos en el horizonte, el nacionalismo llamó a zafarrancho contra el cosmopolitismo, esa epidemia que respondía, antes que a un cierto afán de modernidad, a la voluntad de destruir Cataluña. Así, y en virtud de una manía persecutoria que se fue acentuando a medida que la democracia se iba consolidando, los JJOO, llamados a poner Cataluña en el mapa, no fueron más que un sibilino intento (¡uno más!) de disolver su identidad.


Crónica de Rafel Jorba (1993)

“Felicitats, president” es la fórmula al uso para saludar a Jordi Pujol, y que traduce la coincidencia entre la festividad del patrón de Cataluña y su onomástica. Los cerca de dos mil asistentes optaron este año por repartirse los papeles: unos guardaron turno en el salón de Sant Jordi para acercarse al presidente de la Generalitat y otros hicieron corros en el Pati dels Tarongers con los cabezas de lista a las próximas elecciones generales. Narcís Serra, que a la misma hora presidía un Consejo de Ministros en Madrid, era el gran ausente. La cordialidad catalana la encarnaban Miquel Roca, en compañía del conseller Joaquim Molins—su segundo en la lista de Barcelona—; Jorge FernándezDíaz, con la sonrisa de Enrique Lacalle que no le abandona; Rafael Ribó, que se dispone a tomar el puente aéreo a Madrid en la peor hora, y Àngel Colom, que esgrime encuestas de altos vuelos para Pilar Rahola.

En Cataluña puede fallar el contenido, pero no el continente, como lo corrobora, por ejemplo, la presencia de Pasqual Maragail en la efemérides. Las formas son lo que nos distancia del resto de España y nos acerca a Europa. Y es que acostumbrados a oír que España era diferente, lo que queda claro es que la diferencia estaba en Cataluña. El político, aquí y allí, es siempre el superviviente, pero entre nosotros hemos superado el estadio del que habla Hans Magnus Enzensberger en su ensayo sobre “Política y delito”, es decir, la coincidencia del acto político original con el primer crimen: los hijos que se rebelaban contra el padre que ejercía un poder despótico. Aquí la rebelión es pactada.

"Las formas son lo que nos distancia del resto de España y nos acerca a Europa.". La cortesía, incomprensible, del 'resto de'.


Crónica de Mercè Beltran y Xavier Ventura (1994)

Asimismo, Pujol salió en defensa de la clase política al afirmar que gran parte del progreso experimentado por España en los últimos años ha sido liderado por ella, aunque pidió que las personas corruptas fueran "alejadas" de la política. Frente al clima de desconfianza contra los políticos que muestra la sociedad a causa de los casos de corrupción que se han hecho públicos últimamente, Jordi Pujol contrapuso el "importante" progreso que ha vivido el país en los últimos años, parte de cuyo mérito adjudicó a los dirigentes políticos.

El hecho de que tantísimos ciudadanos juzgaran imposible que Pujol fuera un defraudador se debió, en parte, a párrafos como el anterior. Obsérvese que Pujol no da la cara por CiU, sino por una 'clase política' que, en aquel periodo, y con el último gobierno de Felipe González acorralado por la corrupción, sólo podía estar representada por el PSOE. La maniobra es de una sutileza demoníaca. No en vano, defender al PSOE en aras de... ¡España! equivalía a exonerar a su formación del menor indicio de sospecha.


Crónica de la inauguración de la nueva sede del Arxiu Nacional de Catalunya, por Ignacio de Orovio (1995)

El presidente catalán dijo que el nuevo ANC "encaja en nuestra visión pacífica del nacionalismo, que no se basa en una idea de etnia, ni en el radicalismo político ni, por supuesto, en la violencia". "Defender Cataluña desde una actitud pacífica, convivencial y dialogante -señaló- no significa renunciar a la defensa de nuestras propias convicciones ni claudicar del derecho a lo que forma parte de nuestro patrimonio histórico y que nadie puede usurparnos."

Donde "pacífica, convivencial y dialogante" pretenden contrapesar el adjetivo 'Nacional', que ya por entonces orlaba cualquier chamizo de titularidad autonómica.


Crónica de Màrius Carol (1995)

El desayuno sirvió para el reencuentro. Jordi Pujol y su esposa Marta Ferrusola pudieron compartir chocolate con sus nietos Mercé y Jordi, hijos del primogénito de la familia. Narcís Serra tuvo ocasión de dar un abrazo a Antònia Macià, viuda de Tarradellas, que a sus 90 años tiene un aspecto magnífico y así se lo dijo. Y el conseller Macià Alavedra abrazó a Maria Macià.

Sin saber cómo, habíamos pasado del oasis a los teletubbies.


Pujol, dispuesto a negociar las horas que haga falta para cerrar un acuerdo con los populares
(Noticia alusiva a las negociaciones entre PP y CiU firmada por José Antich (1996)

Esa retórica tan del gusto de Pujol, que siempre dio a entender que hacía más, mucho más de lo que humanamente le exigía el cargo. Tando énfasis puso en ello que acabó por proyectarse ante la ciudadanía no como un presidente, sino como una suerte de ungido por la Moreneta para el que todo sacrificio era poco. Cataluña, después de todo, siempre merecía más.


Crónica de Rosa M. Piñol y Sergio Vila-San-Juan (1997)

Un singular autor, Jordi Pujol, firmó ejemplares de su “Tot compromís comporta risc” (recopilación de conferencias que ha publicado Edicions 62), durante una visita a la librería Ona. El presidente de la Generalitat, acompañado de su esposa, detallaba sus adquisiciones del día: “He comprado ‘El misteri de Berlín’, de Jordi Mata; ‘Els primers cristians’, de Jesús Mestre, y ‘Hola diari’, de Ivan Parra, que es el diario de un adolescente, castellanoparlante, que explica sus inquietudes. También acabo de leer ‘Mediterrània’, de Baltasar Porcel, un gran libro, mejor que el ‘Danubio’ de Magris, aunque más desordenado”. Para Pujol, ayer fue un buen día para comprar novelas, “porque el nivel de la narrativa en catalán es muy alto, con autores como Porcel, Montcada,  Palol, Cabré o Villatoro. Su ‘Memòria del traidor’ es, como dicen los franceses, ‘bouleversant’. Léanlo, léanlo”.

"He comprado." Falso. En el intento de dárselas de austero, Pujol presumía de no llevar nunca 'suelto'. Por lo general, del pago de las compras se encargaban los guardaespalda, quienes, como es fama, no siempre se atrevían a presentar la hoja de gastos, no fuera a ser que por un exceso de celo se quedaran sin trabajo.


“Sin novedad en el oasis catalán.” Crónica de Jordi Juan (1998)

La calidad del chocolate con melindros que se sirve cada Diada de Sant Jordi en el Palau de la Generalitat mejora con los años. Y el optimismo, distensión y relajo con que los invitados lo consumen está en consonancia. Ya pueden pelearse en Madrid por los muertos de los GAL o las últimas tropelías del Cesid, que en el oasis catalán los políticos no tienen ningún problema en confraternizar distendidamente en esta tradición anual y nadie se acuerda de todas las “peripecias” que sacuden a la capital de España.

Ya pueden pelearse en Madrid por los muertos del GAL.


Comentario de Alfred Rexach (1999)

Hubo escarceos sobre la polémica de moda: el nacionalismo, lo cual demuestra que Pujol, además de repartir el chocolate, es quien elige el terreno y la clase de juego al que todos acaban jugando.
Sabe más el diablo por viejo que por diablo y el presidente, aún en plenitud de facultades a sus 68 infatigables años —esto que quede claro— marca el ritmo de la fiesta, tanto que ayer se concedió a sí mismo la gentileza de tomar la iniciativa para cruzar el Pati dels Tarongers en busca de Maragall e interesarse por el delicado estado de salud de su padre, el ex senador Jordi Maragall. Puesto en tal tesitura y asediado por cámaras y micrófonos necesitados de algo más que de horchata para ganarse la vida, el aspirante acabó por admitir que sin considerarse nacionalista se siente cercano a Pujol.
A este paso, habrá que distinguirles por el bigote.

No hay que infravalorar a los cobistas. Así Rexach, que antes de subrayar el subrayado añadiendo luz a su penitencia, desliza una apreciación en la que pocos analistas habían reparado. Pujol, en efecto, siempre eligió las fichas y el tablero, eso que años después el político Albert Rivera llamaría el 'marco'. Y fue precisamente el marco, o más precisamente la dificultad de escapar de él, lo que acabaría llevando, tal como augura el cronista en su último párrafo, a que Maragall y Pujol fueran uno y lo mismo.


Crónica de Ramón Suñé (1999)

El fuego cruzado de declaraciones a favor o en contra de su visión de los nacionalismos no alcanzó a un Jordi Pujol que durante la recepción en la sede del autogobierno catalán se mostró mucho más atento con Pasqual Maragall que con Josep Borrell o el alcalde Joan Clos. El president sí accedió a comentar la homilía pronunciada por el arzobispo de Barcelona, Ricard Maria Carles,que en la misa que tuvo lugar en el Palau de la Generalitat pidió a los políticos que sean “los primeros interesados” en “rehabilitar” su profesión. Pujol recordó que el arzobispo reconoció también que la política “es un oficio noble y absolutamente necesario para que un país vaya bien”. “La corrupción —añadió— existe en todos los ámbitos humanos, pero los políticos estamos muy a la vista del público”.

Como resume admirablemente el psicoanalista Stephen Grosz, "cuanto mayor es la tienda, mayor es la trastienda". Llama la atención, por lo demás, que Pujol se ocupara de la corrupción tras una homilía del arzobispo Ricard Maria Carles, como si se sintiera impelido a abordar el asunto desde el punto de vista de un 'pentito'. A modo, precisamente, de expiación.


Comentario de Alfred Rexach (2000)

Pujol estaba contento después de comprobar que el Gobierno de Aznar ha defendido ante las Naciones Unidas su política linguistica. En la leyenda y en la vida real Sant Jordi acaba con el dragón, en este caso Vidal-Quadras, cuya Asociación por la Tolerancia mostraba ayer su escasa tolerancia quejándose de que en Madrid no den síntomas de prepararse para una nueva cruzada anticatalana.

Como se sabe, otro de los grandes mantras de la Cataluña pujolista (y que sigue gozando de una envidiable salud) consistió en tildar de 'anticatalanes' a quienes defendían la posibilidad de emplear el castellano en el ámbito público. Dicho señalamiento no tenía otro objetivo que la muerte civil o el abandono de Cataluña por parte del damnificado, lo que, a modo de profecía autocumplida, venía a demostrar que "catalán, lo que se dice catalán, tampoco debía de serlo mucho".


“La tradición es la tradición.” Comentario de Alfred Rexach (2001)

Bien mirado, y atendidos los comentarios de los presentes, casi nadie entre los que acuden cada año sabe ya por qué persiste en asistir a un encuentro que ofrece bien pocas posibilidades, si alguna hay, de mantener al menos una conversación mínimamente razonable y con algún sentido. Seguramente si le preguntaran a Pujol, contestaría que él tampoco sabe por qué sigue sometiéndose y sometiendo a tres mil invitados a una de las fiestas más pesadas del año; pero la tradición es la tradición y los países pequeños como Cataluña necesitan tradiciones para reconocerse a sí mismos. Si alguna vez somos normales –y hay motivos fundados para dudar de que ese día llegue–, la mañana de Sant Jordi el señor presidente desayunará en casa con su esposa y sus hijos y los demás haremos lo mismo.

Donde 'anormales' significa españoles.


“La apoteósica chocolatada del Senyor Pujol.” Comentario de Alfred Rexach (2002)

Éramos tantos, que estábamos todos. Ahora que está a punto de retirarse, alguien tendría que sugerirle a Pujol que el desayuno de la mañana de Sant Jordi debería ofrecerlo en abierto, o sea, en las calles y plazas de toda Cataluña. Sería la apoteosis y la demostración de que veintitantos años de pujolismo han significado un paso adelante, un progreso en el que nadie queda marginado.


En Barcelona, a 1 de agosto de 2014




La Ilustración Liberal, otoño- invierno de 2014-2015

Cuatro aventis de 95 octanos

Charly, un sietemachos de antología, me retó a ir en su vespino "hasta la esquina y volver". Y yo, por no aguantar las bravuconadas con que, a buen seguro, me mortificaría en caso de negativa, acepté el reto. Tenía 13 años y era la primera vez que me subía a una moto, pero aquello no fue excusa para que, no habiendo recorrido ni 10 metros, me escurriera con estrépito de comediante. Más aparatosa que la caída fue el relato que empecé a orquestar cada vez que alguien, al verme con el brazo escayolado, preguntaba qué, cuándo, dónde. En los días que siguieron al trompazo sólo me hizo temblar el cómo. Así, tras la primera ronda de explicaciones, inexorablemente escoradas hacia la prosa de atestado, fui aliñando el suceso con matices más o menos sensacionalistas y, en cualquier caso, carentes de maldad. El derrape de la rueda trasera pasó a ser un choque contra la cabina telefónica, y de ahí pasé a fabular que, más que 'chocar' contra la cabina, me había 'empotrado' en ella. Con todo, no acababa de estar satisfecho; precisaba un macguffin que diera a la narración el vuelo definitivo y, sobre todo, que evitara que el protagonista, o sea yo, quedara como un tarugo, así que en una de ésas incluí a una hermosa muchacha que pestañeaba a mi paso, de suerte que yo, arrobado por su gesto, no sólo perdía el juicio, sino también el rumbo. En una versión posterior, la muchacha no estaba a pie de calle, sino que gritaba mi nombre desde un balcón, y aun hubo un postrero desvarío según el cual, al empotrarme en la cabina, se abría la caja de los dineros y los viandantes, lejos de interesarse por mi estado, se hinchaban a coger monedas, y ni siquiera el hecho de que el cúbito me asomara, oh yeah, por el antebrazo frenaba los afanes de la turba. Con cada una de las firmas que fueron decorando el yeso, se fue engordando la leyenda, en un raro hipérbaton por el que, en realidad, quien suscribía la historia no era yo, sino mis amigos y conocidos, abajofirmantes de un aventis que era en verdad el fruto de su credulidad. En cuanto me quitaron la escayola puse fin a mi carrera de novelista, pero aún hay días en que me pregunto qué fue de aquella muchacha que pestañeó a mi paso, quién sabe si por evitar el riesgo de saber qué fue de mí.

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A Raúl se le han pegado las sábanas y, para arañarle tiempo al tiempo, se pone el casco de moto en el ascensor. Ya en la calle, y mientras corre hacia el lugar donde tiene su scooter,tropieza, cae de bruces y se lastima el codo (luego sabrá que se lo ha fracturado). Una viandante, alertada por sus gimoteos, se acerca hasta él, mas no acierta a explicarse por qué no hay moto alguna en las proximidades y, desconfiada, sigue a lo suyo.

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Casi todas las noticias que informaron del suceso llevaban empotrado en el primer párrafo expresiones como "lo nunca visto", "ver para creer", "aunque parezca increíble"... Claims, en suma, que no sólo redoblaban el cáracter insólito de lo ocurrido; además, lo envolvían en el celofán de lo prodigioso, como si aquella aberración tuviera algo de proeza. En el estadio milanés de San Siro, y cuando el partido entre el Inter y el Atalanta tocaba a su fin, un grupo de ultras locales había lanzado una moto desde el anfiteatro a la grada inferior. En su proverbial tosquedad, los aficionados al fútbol han llegado a arrojar a la cancha almohadillas, monedas, mecheros, una botella de Ballantine's, la cabeza de un marrano lechón... Pero, ¿una moto? ¿Cómo diablos se las ingenia uno para entrar al campo una moto?, me pregunté junto con media humanidad. En los días sucesivos, leí que los hinchas interistas habían robado la moto en los aledaños de San Siro, la habían desmontado y la habían entrado al graderío por piezas. También se especuló con la hipótesis de que el vehículo perteneciera a un empleado del club, y que estuviera aparcado dentro del recinto. Hubo quien aseguró que los ultras habían accedido al graderío con la moto en marcha, a través de una de las rampas espirales que anillan el estadio. Sea como sea, el sinnúmero de versiones que fueron circulando y la truculencia con que se aliñaron confirieron al motorino estatus de leyenda. Años después, recaló en Barcelona la exposición 'Pasión en las gradas' y, atraído por el título, un remedo de la traducción al español de 'Fever on Pitch', me acerqué a verla. La muestra incluía fotografías pretendidamente impactantes y objetos alusivos a la demencia consustancial al fútbol. Entre éstos, había un ataúd gualdinegro que había mandado hacerse un hincha del Borussia y la muñeca hinchable que exhibió la afición del Barça en el regreso de Figo al Camp Nou. También estaba el motorino, cuyo asiento acaricié devotamente como si fuera la mano cercenada del primer Terminator.

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Te llevé a casa.
Al llegar, te bajaste de la vespino y me mostraste el portal por donde te perderías esa noche y las demás.
-Aquí es.
-Y te besé.
-Y nos besamos.
-Y nos besamos de nuevo.
-Otra vez.
-¿Te puedo llamar? Mañana, quiero decir, ¿te puedo llamar mañana?
-Pobre de ti que no lo hagas.
Bajé por el paseo de Fabra i Puig, torcí por Miquel Ferrà y, al dejar atrás la plaza Virrei Amat, tomé la suave pendiente de la avenida Borbón, que a la altura de las cocheras tendía a pronunciarse y, algo más arriba, a encabritarse. Tras ese tramo, vendría el descenso hacia San Antonio: Maragall, Córcega, Pau Claris, Aragón, Rocafort... Quiso la casualidad que aquella noche enlazara todos los semáforos en verde, como si la ciudad se me extinguiera por detrás al tiempo que me brotaba por delante. Jamás me había ocurrido nada igual: cruzar Barcelona de norte a sur sin necesidad de detenerme hasta llegar a mi destino. Creí que semejante prodigio era una señal divina, que mientras mi vespino y yo fuéramos empalmando semáforos en verde en el regreso de tu casa a la mía, tú seguirías a mi lado. Me entregué con denuedo al objetivo, crucial para la supervivencia de nuestro amor, de recorrer aquellos 8 kilómetros de trama urbana sin parar en ningún semáforo. Después de todo, si había sido posible aquella primera madrugada, por qué no iba a serlo en lo sucesivo. Al principio todo fue como una seda. Tanto que, de hecho, resultaba más sencillo completar el trayecto de corrido que hacerlo con paradas. Hasta que, llegado un día, los semáforos se desincronizaron y me vi obligado a más de un súbito acelerón, a ralentizar la marcha en espera del cambio de disco, a cruzarlos, ay, en rojo. Se trataba, dicho queda, de no detenerse, de que las ruedas de mi vespino siguieran girando y, con ellas, siguiera girando el mundo, que para mí, y por aquel entonces, eras tú. Bueno, tú y mi vespino; no en vano, de ella dependía nuestra dicha; de ella y, a qué negarlo, de mi pericia de piloto. Con el pasar de los días me convertí en un consumado experto en el arte de ensartar semáforos. Es cierto que hubo lances un tanto extravagantes, como el de la noche en que hube de aguardar a que cambiara a verde desplazándome en círculos, para pasmo de un peatón que por allí pasaba. Debió de ser por aquellas fechas cuando empecé a dejarte en casa más temprano que de costumbre, pues no veía el momento de darte el beso de despedida, poner en marcha mi vespino y, al abrigo de la luna, salvar lo nuestro. Comprendo que recelaras, que atribuyeras mis desatenciones y los níveos extravíos que comenzaron a apoderarse de mí, a la existencia de otra mujer. Pero créeme, no había en mis pensamientos nada que no fueran mi vespino y mil ardides para sobrevolar Barcelona. Ya ni siquiera, en efecto, estabas tú.



Club Pont Grup Magazine (núm. 6), 15 de febrero de 2015

viernes, 6 de febrero de 2015

Director's cut

El Estado Islámico ha terciado en el dilema que agarrotaba al periodismo respecto a la difusión del asesinato de Muaz al Kasasbeh. No sólo ha exhibido el vídeo, sino que, a tal efecto, ha dispuesto una pantalla gigante en plena calle y ha prescrito la asistencia del público infantil. El abrasamiento del piloto, en efecto, convertido en cine familiar; como si el Mal, por abisal que resulte, siempre fuera susceptible de otra vuelta de tuerca. Dado el alarde de postproducción, a nadie extrañe que el próximo crimen se proyecte en 3D, pues una de las peculiaridades del EI es precisamente su querencia por los usos occidentales, desde el mono guantanamero a la cámara lenta. En este sentido, y volviendo a los medios, sorprende que éstos no hagan uso de la prerrogativa por la que son igualmente despreciados, cual es la manipulación, y donde digo prerrogativa, claro está, quiero decir obligación. Por qué, en suma, se respeta con pulcritud filmotecaria el director's cut de los terroristas en lugar de encargar un montaje que desprovea la vileza de ínfulas. Hoy lo apuntaba Espada con su habitual agudeza (no en vano, estamos ante un asunto de su jurisdicción) y no está de más recordarlo: "¿Un Auschwitz con trenecillos que llegan y las lomas de cadáveres fuera del encuadre?". Por traducirlo al necio: ante un terrorista que pretende dárselas de Leni Riefenstahl, ¿cabe velar su condición de criminal y mostrar (únicamente) su perfil artístico?

Lo que apenas ha suscitado controversia es la proposición de ley orgánica registrada esta semana en el Congreso, y que, de aplicarse en un sentido restrictivo, impediría la divulgación en los periódicos de vídeos como el de la quema de Al Kasasbeh. Eso parece deducirse de los artículos 578 y 579, que castigan "el enaltecimiento o justificación públicos del terrorismo, los actos de descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas así como la difusión de mensajes o consignas para incitar a otros a la comisión de delitos de terrorismo". El texto tiene "en especial consideración" el supuesto de que "estas conductas" se difundan "a través de medios de comunicación".

Si se aprobara la ley en los términos en que está redactada, además de renunciar a manipular los hechos (entiéndanme, en la forma como el químico manipula una molécula o el charcutero la mortadela), la prensa renunciaría, sin alzar una ceja, a otra de sus grandes potestades: la de autorregularse.


Libertad Digital, 5 de febrero de 2015