sábado, 25 de julio de 2015

Esgotada


Este miércoles, la alcaldesa Colau salió agotada del Ayuntamiento y, con arreglo al exhibicionismo que viene caracterizando su mandato, lo hizo saber. En Twitter, que es donde se publican estos bandos. No recuerdo que Serra, Maragall, Clos, Hereu o Trias dijeran jamás nada parecido, si bien es cierto que, a diferencia de Colau, ellos no trabajaban en el Ayuntamiento: eran alcaldes, lo que excluía la posibilidad de cumplir jornadas laborales y, obviamente, salir agotados de ningún lado. De Romario para arriba estar cansado no es un atenuante y, con ser feo que alguien te arroje el cansancio a la cara, que lo haga la alcaldesa es, además, temible; sobre todo, porque el cansancio no es, no debería ser, un valor político, y menos aún un frontis moral que realce, matice o disculpe una obra de gobierno. Hay una gran diferencia entre abuchear a un alcalde y abuchear a un ciudadano que sale agotado de su centro de trabajo. Para lo segundo hay que ser un mal nacido. Y si el ciudadano en cuestión es mujer y madre, una bestia sin entrañas. Ahí, en ese lienzo dickensiano, encierra el populismo cualquier conversación sobre sí, es decir, sobre el poder. Podría estar en casa con mis hijos, pero aquí estoy, retirando un busto. Habrá que estar preparado, por cierto, para cuando Ada tenga la regla, que será otro jalón de su retórica dove, por la simpleza real. (Ah, y esas gentes tipo PAH que esperan a la alcaldesa a la salida del trabajo. Ella no lo sabe, pero se trata de un escrache. Un escrache inverso, si se quiere, pero un escrache.)

jueves, 23 de julio de 2015

Listerías

Pujoles Ferrusolas, ni uno, y no precisamente por falta de ejemplares. (Qué exótica, Cataluña: los Pujol están excluidos por razones no muy distintas a las que excluirían a Enric Marco.) Tal vez Diana Garrigosa, por aquello de ir enlazando tradiciones. Y Anna Sallés, claro, médium demediada. Hay apuestas menos arriesgadas: Miquel Calçada, Isona Passola, Mònica Terribas, Carles Capdevila, Carme Ruscalleda, Lluís Llach, Joel Joan, Jaume Barberà... Pienso también en Sílvia Bel, musa del Tricentenari. Y, por supuesto, en el Tercio Valenciano: Vicent Sanchis, Vicent Partal, Isabel-Clara Simó... Por el Charnego suena Eduardo Reyes (Pino, Córdoba) y yo me atrevo con Justo Molinero (Villanueva de Córdoba, Córdoba) y Lluís Cabrera (Arbuniel, Jaén). Por parte de La Vanguardia, la Pilar, el Màrius, el Jordi, el Francesc-Marc... Ah, y algún ninotaire, no vayan ahora a hacerse los bohemios después de rendir tantos servicios a la patria. Como jefe de filas de la legión inglesa, Mathew Tree. El verdadero reto, no obstante, es que la lista sea de veras transversal, y para cumplir esa condición no se me ocurre mejor candidata que la Sra. Rius, madame de Cataluña. Eso sí, si hablamos de glorias nacionales, nadie como Josep Maria Flotats. Y un furero, qué demonios; después de todo, la cosa va de vísceras. Por descontado, Dyango, el Anchoveta y la Feliu (alguien tendrá que darle conversación a la Sra. Rius). (He pedido al Ratpack, un grupo de golfos con los que como los viernes, que me echen una mano. Y me la han echado, sí, pero al cuello: “La carpa Juanita, l’ou com balla y el gegant del Pi”. Gentuza, ya digo.) En la bancada de Dios, el Pare Manel (Granada) y Francesc Romeu. En cuanto al sector ‘provectos y venerables’, Joan Rigol, Oriol Bohigas y, hum... ¿Josep Ramoneda? Y con éstos y Hristo Stoichkov, Tortell Poltrona y alguien de Unió de Pagesos ya lo tendríamos. Bueno, y faltaría un ecuatoriano. Y un mourinhista. Y un poeta automático. ¡Esto no hay quien lo pare!

Libertad Digital, 21 de julio de 2015

jueves, 16 de julio de 2015

Plataforma por Cataluña


El catedrático Francesc de Carreras solía decir, cuando mitineaba para C's en los albores del partido, que en Cataluña no podía hablarse stricto sensu de pluripartidismo, ya que en realidad sólo había una formación: el Partido Unificado de Cataluña, que incluía, con matices más o menos cosméticos, a todos los partidos del arco parlamentario. En cierto modo, sugería De Carreras, la única sigla determinante es la C de Cataluña; si izquierda, derecha, de centro o liberal, es ya un asunto puramente anecdótico. En este sentido, la designación de Raül Romeva como número uno de la lista de Mas no es más que el enésimo refrendo de la existencia del PUC. O lo que es lo mismo: de un déficit de democracia que empieza a hacerse acreedor, si no del rapapolvo de España (¡harto impensable!), sí del de la Unión Europea.

No en vano, todas y cada una de las escenas que el nacionalismo catalán ha brindado estos días han reflejado esta profunda anomalía, empezando, claro está, por el uso discrecional de las instituciones para suscribir pactos partidistas. El gran drama de Cataluña es que la Cosa, como dice Boadella, viene dando una legión de políticos cuyo cometido no es hacer política, sino hacer historia. De ahí, obviamente, que no consideren aberrante okupar el Palau de la Generalitat para celebrar toda suerte de cimeras antiespañolas. Al cabo, la política exige ciertas servidumbres, y la principal de todas ellas es la servidumbre para con la realidad; cuando se trata de ilustrar la enciclopedia, en cambio, todo vale. Más si se trata de la Catalana. La única diputada, por cierto, que ha exigido a Mas, Junqueras y murieles que celebren sus encuentros en su casa, y no en la de todos, es Dolors Camats, de ICV-EUiA.

El candidato Romeva, como recordarán, es el mismo que, a propósito de unas maniobras militares, dijo tener indicios de que el Ejército español estaba tratando de invadir Cataluña. Y que, en razón de esos indicios, reclamó por carta a la UE que llamara la atención al Gobierno de España. Algo antes, en otro de sus raptos grafómanos (todo es literatura, ay) formuló esta pregunta a la Comisión Europea: "¿Cree la Comisión Europea que estos hechos tan graves, vistos por millones de personas, incluidos niños, deben quedar impunes?". Por "hechos tan graves" el bueno de Romeva entendía el pisotón que Pepe dio a Messi en un partido de Copa del Rey. Y así hasta 2.000 intervenciones, que le valieron, durante la última legislatura, el título de eurodiputado más trabajador.

Charnego, comunista, culé, nacionalista... Va a tener razón mi amigo Oriol Trillas, que hoy me decía: "¡No tengas ninguna duda de que si Vázquez Montalbán estuviera vivo, lo habrían puesto a él en vez de a Romeva!". El PSUC, en efecto, está al fin a las puertas de gobernar en Cataluña. Si es que alguna vez ha dejado de hacerlo.


Libertad Digital, 15 de julio de 2015

miércoles, 15 de julio de 2015

Una gallina desplumada

Querido amigo,

"El primer ministro griego se fue siendo David ante Goliat y ha vuelto siendo una gallina desplumada. No se podía hacer un órdago más raquítico y, probablemente, más ridículo. Cargaron las mulas con las grandiosas alforjas de la democracia y del pueblo, y han hecho un viaje a ninguna parte. Lo más triste es que el susodicho pueblo deberá lidiar con una situación económica terrible, una incertidumbre que se alargará no se sabe cuánto, una Europa que los ha puesto cara a la pared y un gobierno que está en la cuerda floja. Se vislumbran nueva e inevitables elecciones. Lo cual abunda en el despropósito. Y eso es lo más terrible, que arrastraron a la ciudadanía a un referéndum que escondía grandes expectativas y sólo había humo. Gran estafa para llegar peor al punto de partida. Es lo que tiene el populismo, que siempre desmiente a la realidad, hasta que la realidad le da un sonoro y rotundo sopapo."

Hablábamos, hace poco, de nuestro querido Iván Tubau y el modo como pasó al pobre Rubianes por el método Gombrowicz en su célebre discurso del Palau. El fragmento que le envío corresponde al artículo que hoy publica Pilar Rahola en La Vanguardia; ni siquiera va a hacer falta que cambie 'primer ministro griego' por 'presidente de la Generalitat'. En un prodigio de periodismo polaroid, éste se va apareciendo solo. Tanto es así que parece llevarse entero el sopapo del final.

Un fuerte abrazo,
JM

jueves, 9 de julio de 2015

Calle Melancolía


El Ayuntamiento de Madrid pretende quitar de las calles los nombres franquistas en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica, que a estas alturas debe de ser la única que Podemos y alrededores consienten en cumplir. (Ya anunció la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que desoiría las leyes que no considerara justas.) La adecuación del nomenclátor urbano a la nueva política no sólo sacia el afán de la izquierda de ganar la Guerra Civil en los despachos. Además, satisface el anhelo, típicamente populista, de rebautizar el mundo, cual si la 'verdadera democracia' exigiera también un encalado semántico.

A semejanza de otras iniciativas de este tipo, también ésta plantea una paradoja: la que resulta de invocar la memoria para impugnar el pasado, despreciando la evidencia de que un callejero es, en parte, una geología de la infamia. O tal vez no haya paradoja ninguna y 'memoria histórica' sea en verdad un modo menos obsceno de decir 'memoria selectiva'. La operación, en cualquier caso, supone el mismo fraude que, por ejemplo, pulir los balazos de un muro de fusilamiento. Y hacerlo, claro está, en nombre de los fusilados. (Siguiendo con el símil, hay algo monstruoso en el virtuosismo podemita, y es esa obstinación en limar la vida, ese afán en delinear un mundo sin amenazas, sin traumas, sin rugosidades. Sin elementos, en fin, que nos zarandeen, nos incomoden, nos agiten. Me temo, no obstante, que no es éste un rasgo privativo de Podemos, sino de toda la izquierda.)

Barcelona vivió una experiencia parecida hace 8 años, en el barcelonés barrio de Gracia. En aquel caso, no obstante, se trataba de sustituir el nombre de la Plaza de Rius i Taulet (el alcalde de la Exposición de 1888, nada menos) por el de Plaça de la Vila. Éstas fueron las razones que expuso el entonces presidente del Distrito, el republicano Ricard Martínez: "Estimado vecino/vecina: Queremos invitarle a participar en el proceso consultivo para cambiar el nombre de la emblemática plaza Rius i Taulet. Desde el más absoluto respeto por Francesc Rius i Taulet, diversos movimientos sociales y entidades han reivindicado que la plaza sea rebautizada de forma más cercana a la sensibilidad popular de los y las gracienses". Como queda dicho, la sensibilidad popular determinó que el nombre fuera Plaza de la Vila. La evocación de la Expo de 1888, piedra angular de la Gran Barcelona, quedó así sepultada bajo un indocto villarriba cuyo propósito, en verdad, no era otro que socavar la barcelonidad del barrio para exaltar su pedigrí alternativo.

La alcaldesa Carmena, al parecer, también envolverá el proceso en el incienso de las entidades sociales a fin de que la responsabilidad de renombrar la ciudad recaiga sobre el pueblo, cuyos pronunciamientos, como es fama, son infalibles. En el callejero franquista elaborado por el historiador Antonio Ortiz, y que hace suyo la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica, figuran, entre otras, las calles de Salvador Dalí, José Pla y Juan Antonio Samaranch. Ah, lo que daría por espiar las deliberaciones de los Soto, Zapata, Maestre... respecto a si mis paisanos merecen o no... ¡el desahucio! En la certeza de que, dados los propietarios, el indulto sería la mayor de las afrentas.


Libertad Digital, 7 de julio de 2015

jueves, 2 de julio de 2015

Cinco puntos de fuga


El tableteo del demonio 

Borgo es un puerto a orillas del Adriático atrapado en el tedio del fascismo, y donde la derrama de confortpropiciada (un decir) por Mussolini se ha convertido en el más siniestro aliado para su perpetuación. Los días se suceden al dictado de la iglesia, la familia, la escuela..., y sólo la irrupción de las estaciones del año, con la efímera novedad que traen consigo, parecen conceder una tregua a tanta ordinariez. A través de esos cambios de decorado, Fellini ilumina el reguero de apetencias, cataclismos y miserias que anima a los borgueños, recreando así una suerte de off town que deviene en tabla de salvación para sus criaturas. Un sedicente narrador fajado en mil rechiflas prologa ante nuestros ojos ese otro Borgo: el de los muchachos que se masturban gregariamente recitando el santoral de musas, el del jovencito cuasi asfixiado entre las ubres de la estanquera, el del anciano enloquecido que se hace fuerte en la copa de un roble y, al grito de 'voglio una donna', se bate a pedradas contra el mundo. También el de ese motorista fantasma avant la lettre; que saja las calles con un tableteo de muerte, bien entendido que su locura no pertenece por entero a los dominios del hombre. Podría tratarse de una versión motorizada del tonto del pueblo. De no ser, claro está, por ese rictus de desprecio con que sus convecinos olisquean la tralla, esa momentánea cancelación del paraíso. 


Centauro en fuga

"El llamado Pijoaparte surgió de las sombras de su barrio vestido con un flamante traje de verano color canela; bajó caminando por la carretera del Carmelo hasta la plaza Sanllehy, saltó sobre la primera motocicleta que vio estacionada y que ofrecía ciertas garantías de impunidad (no para robarla, esta vez, sino simplemente para servirse de ella y abandonarla cuando ya no la necesitara) y se lanzó a toda velocidad por las calles hacia Montjuich. Su intención, esa noche, era ir al Pueblo Español, a cuya verbena acudían extranjeras, pero a mitad de camino cambió repentinamente de idea y se dirigió hacia la barriada de San Gervasio. Con el motor en ralentí, respirando la fragante noche de junio cargada de vagas promesas, recorrió las calles desiertas, flanqueadas de verjas y jardines, hasta que decidió abandonar la motocicleta y fumar un cigarrillo recostado en el guardabarros de un formidable coche sport parado frente a una torre." Manolo Reyes, alias el Pijoaparte, es un quijote de arrabal, un ratero de poca monta al que el olor a gasolina le embriaga tanto como el fragor pizpireto de las chicas bonanova. Centauro en fuga, huye del pedernal en el que habita, de la fuente pútrida en la que empapa el peine para darse un aire a ni sabe quién, del enjambre de murcianitos que le idolatra, del amor atribulado de una raspa... De quien no logrará escapar es de sí mismo. La Impala con que el antihéroe de Últimas tardes con Teresa derrite el alquitrán; esa Impala imposible, ay, con la que la policía le acaba colocando, es hoy la motocicleta del pijerío barcelonés. Si justicia o injusticia es discutible. La poética parece inobjetable. 


Un eslalon

La huida motorizada de Steve McQueen en La gran evasión es en verdad un eslalon futbolístico. No en vano, esos 7 minutos en que se harta a driblar nazis en el pasto parecen obedecer, antes que al afán de libertad, a una antiquísima querencia lúdica. Análogamente, la fruición del espectador tiene que ver con las ansias de divertimiento del piloto y, por qué no decirlo, con el estrépito con que los malos van cayendo como bolos. Digámoslo ya: McQueen fue el primer cruyffista. ¿A qué otra escuela, si no, cabe adscribir a un hombre que, en el trance de caer apresado, acaba besando las mallas? 


El gran salto

Jimmy se halla detenido frente a un acantilado, acuciado por el dilema de aparcar una época o poner fin a su vida. No ha conocido más esplendor que el que le han procurado la parka, el scooter, el sexo furtivo... De ahí que se pregunte si tamaña renuncia pudiera tener algo de lobotomía. Si vale la pena, en fin, echarse novia, conseguir un empleo estable, tener hijos... Nadie ha surfeado el desenfreno con el talento con que él lo hizo. Emplearlo en construir su propia jaula (pues eso y no otra cosa es madurar, se dice) sería un derroche a contrafibra. Por lo demás, no hay en el mundo la suficiente anfetamina para sobrellevar un empeño tan falaz. Las cosas se torcieron en Brighton con arreglo al canon del fracaso: al volverse, no le seguía nadie. Ni siquiera Ace Face, del que siempre sospechó que era un mierda. De hecho, Jimmy no ha tenido el menor reparo en levantarle su lambretta y poner rumbo a la costa. Ahora , decíamos, está frente al acantilado, sopesando la posibilidad de un suicidio redentor, un cataclismo que aleccione a la muchachada acerca del peligro que entraña el anhelo de ser poema. "No importa la moto sino quien la monta", iba repitiéndose hasta ayer mismo. Tal vez por ello, en el último segundo resuelve estrellarla contra las rocas. Y salvarse él. Lo sabemos desde que, al principio de la película, en una hórrida figura llamada analepsis, habíamos visto la lambretta hecha trizas y a Jimmy recortarse contra el atardecer. Quizá camino de Magaluf. 


Un sindiós

A principios de abril de 2011, cientos de motoristas con sidecar tomaron la localidad albaceteña de Aýna (consérvese el acento), a la que se conoce como la Suiza Manchega por su rara vegetación, los imponentes farallones que la anillan y la abundancia de inviernos nevosos. La concentración motorizada, no obstante, nada tenía que ver con esas peculiaridades, sino con que el poblacho hubiera sido el principal escenario de la película Amanece que no es poco, cuyos protagonistas, Antonio Resines y Luis Ciges, viajaban en sidecar. O, por ser más exactos, conversaban en sidecar. El desarreglo sintáctico que suponía que un tontainas condujera la moto y un lunático fuera en el sarcófago, junto con el polvo, el traqueteo y la metonimia, cuajarían en hallazgos como el '¿Me quieres, hijo?', '¿Aquí no hay ni Dios o es que todos son unos hijos de puta?', 'Mi hijo ha venido de año sabático; ya sabe lo que es: trabajar 6 años y descansar uno'. Suiza, sol y moscas.


Club Pont Grup Magazine (núm. 8); 1 de julio de 2015

Historias del preporno

El escándalo que ha suscitado que Águeda Bañón, la directora de comunicación de Ada Colau, sea una activista postporno me ha recordado el caso del pornógrafo Lucas Soler, a quien Arcadi Espada dedicó un capítulo del libro de viajes Ebro/Orbe (Tentadero, 2007), a su paso por Valencia. Soler, de origen colombiano, rondaba entonces los 45 y llevaba en Valencia desde los 20. De su arraigo en la terreta, no obstante, no cabía colegir que fuera un valenciano más. Valenciano, sí, pero no uno más. Y no sólo por el hecho de que firmara la crítica pornográfica de la revista Cartelera Turia, sino también porque se ocupara de escribir los discursos de Alejandro Font de Mora, a la sazón consejero de Cultura de la Generalitat Valenciana. Espada no resistió la tentación (¡quién lo hubiera hecho!) de confundir los géneros:

"El viajero tiene delante al primer pornógrafo de Valencia, es decir, al hombre que escribe los discursos del consejero de Cultura. [...] Esto es exactamente Valencia. Esta sintaxis. Un hombre, Lucas Soler, colombiano, especialista en pornografía y genéricamente en cultura trash, autor primero de El rincón del piu y ahora de Fam de fem, siempre en el lecho del Turia, escribe los discursos de un ministro de Cultura de un gobierno del Partido Popular. Es una historia de gran ciudad, de ciudad compuesta, que es el antónimo de simple, y por eso el viajero se siente bien aquí".

Quienes reprueban a Bañón por sus bloguerías habrían de recordar que su función será la de dirigir la comunicación del Ayuntamiento, no la de celebrar misa de ocho. No tengo la menor duda de que, durante los próximos cuatro años, el prestigio de Barcelona caerá en picado, pero ello no se deberá a lasperformances de la dircom, sino a las de la alcaldesa. Por lo demás, el populismo no se combate con carcundia. Entre otras razones, porque son los populistas quienes la representan.

Denunciemos la pornografía, sí, pero la pornografía de verdad, no la que, a bote pronto, no parece sino un híbrido enternecedor entre Femen y la Fura dels Baus. La de Pablo Iglesias, sin ir más lejos, que ayer decía en El País: "A diferencia de la mayoría de los ciudadanos de mi país, me sé de memoria La Internacional". Estoy convencido de que Bañón jamás ha ido tan lejos.


Libertad Digital, 30 de junio de 2015